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27 Sep 2016

ANATOMÍA DE UN INSTANTE

“La gente empieza a darse cuenta que en la composición de un bello crimen intervienen algo más que dos imbéciles, uno que mata y otro que es asesinado, un cuchillo, una bolsa y una callejuela oscura. Un designio, señores, la agrupación de las figuras, luz y sombra, poesía, sentimiento, se consideran indispensables ahora para intentos de esta naturaleza.”

Del asesinato considerado como una obra de arte, Thomas de Quincey.

Si bien en este fragmento se entiende un bello crimen como una obra de arte, cuidado con que algunas obras puedan resultar un auténtico crimen. Por otro lado, entendemos la fotografía como un arte (pues lo es), y esa terminología morbosa en el momento del disparo me invita a pensar en ese paralelismo entre un crimen y el arte, haciendo siempre referencia a lo bello.

Sitúas tu escenario, tus personajes, lo observas todo en conjunto y en detalle, mides las distancias, la luz, la sombra…; ahí la tienes, tú víctima está lista. Ajustas tu cámara como el que carga un rifle y te preparas para inmortalizar el momento con tan sólo un disparo.

Asesinato de un instante. ¡Larga vida al momento!

Otro pensamiento que me viene es esa belleza de la parte furtiva de la fotografía, por ejemplo, de la fotografía instantánea, sin preparar, por la calle. Bella por lo espontáneo, y por lo furtivo del disparo. “Te cacé!”.

CUBA. Havana. 2000. Children playing in a playground.
CUBA. Havana. 2000. Children playing in a playground. Alex Webb

En cualquier caso, un día cualquiera, después de echar unas fotos, las descargas en tu ordenador y las editas. No puedo evitar pensar, y ya que me he metido en faena voy a dejarme llevar, en el señor de la funeraria que prepara el cadáver para ser expuesto ante sus seres queridos en su último adiós, dejándoles así la ilusión en la retina, de que “Fulanito al menos se fue guapo”. Será la última imagen que vean de Fulanito y la que retengan en su memoria, como si de una foto se tratara.

Jordi Olivé. La niña muerta, Alforja (Tarragona), 1965.
Jordi Olivé. La niña muerta, Alforja (Tarragona), 1965.

¿Quiero decir quizá, que los fotógrafos somos asesinos? En algunas culturas se cree que si te hacen una foto te quitan el alma. ¿Quizá somos una especie de psicópatas de nivel muy alto, que disfrutamos de captar un momento y llevárnoslo para siempre, no sin antes ponerlo bien guapo, y con suerte, exhibirlo al público, como el cadáver que es?.

Pues no, en absoluto quiero decir eso. Pero ya que tenía que escribir un primer post, he pensado que empezar a lo loco era lo suyo. Soy María, la nueva becada del Grupo Avanzado de La Escuela, y quien de vez en cuando os va a ir metiendo en la sesera, de manera muy sutil por supuesto, el nuevo órden: La Mistodura.

Escuela de fotografía en Alicante - Mistos


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